Visiones divididas: mientras expertos alertan sobre el impacto de la salmuera en los ecosistemas marinos y el alto requerimiento energético del proceso de desalación, actores descartan externalidades negativas en el medio ambiente.

Desde fines de la década de los noventa, las compañías mineras -emplazadas principalmente entre las regiones de Arica y Parinacota y Coquimbo-, han apostado por construir plantas desalinizadoras para paliar los efectos de un escenario de escasez hídrica y asegurar la continuidad operacional.

Sin embargo, hay diferentes visiones en torno al impacto de estos proyectos en el medio ambiente, las que se relacionan con el volumen de energía que requiere el proceso de desalación o las grandes cantidades de salmuera que retornan al mar.